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La Cultura Organizacional se construye con VALORES y la habilita su IKIGAI organizacional.

La cultura no es un switch: no se apaga y enciende cuando te parece, ni aparece y desaparece a tu antojo.

La cultura empresarial existe y es intrínseca a toda organización. El tema es si te habilita para el éxito o te limita en tus resultados.

Ahora bien, muchas veces no se le presta la debida atención, porque no la sabemos manejar, porqué no la entendemos, porqué no sabemos cómo identificarla, porqué no sabemos que la conforma y donde se forma, y así, un largo etc., (recuerdan la técnica japonesa de los 5 ¿por qué?, bueno es otro tema). En concreto, el resultado es que la cultura organizacional muchas veces “se cría como niño sin doliente”.

Como dijo Stephen P. Robbins en su libro sobre “Comportamiento Organizacional”, cuando hablamos de cultura organizacional, muchos dirán que sabe a lo que se refiere, pero pocos   saben cómo definirla en forma específica. Como anécdota, cita esta curiosa historia: Reseña que cuando Henry Kissinger era Secretario de Estado, pidió a un joven erudito de su equipo de asesores preparar un trabajo sobre un tema muy particular. Este joven era nuevo en el trabajo y, queriendo impresionar a su jefe, dedicó todo su esfuerzo durante 2 semanas a desarrollarlo y luego se lo entregó. A los 2 dias recibió de vuelta el trabajo con una nota que decía “Es terrible, vuelva a hacerlo”. Abrumado por la opinión sobre su trabajo, volvió a dedicarle otra semana más. De inmediato se lo devolvió con una nota: “Es peor que la primera versión. Acaso no puedes mejorarlo? Transcurridos unos pocos dias y luego de reescribir una tercera versión, el joven entregó el trabajo con una nota que decía: “Quizá no sea muy bueno y lamento hacerle perder su tiempo. Pero es lo mejor  que puedo escribir sobre este tema”. Kissinger le responde  con este mensaje: “Ahora si leeré tu trabajo”.

La experiencia anterior le transmitió un mensaje al joven asesor sobre el hecho de trabajar en el Departamento de Estado bajo las órdenes de Kissinger: nunca dar nada a un superior a menos que represente su mejor esfuerzo. Historias como estas, cuando ocurren, se propagan en las organizaciones, ya que no es solo para el involucrado en la experiencia sino para todos los que conforman la organización. Por lo que un atributo de un “buen empleado” es conocer “cómo se hacen las cosas aquí”,  como parte de la  cultura de su organización.

Cultura empresarial es entonces un término descriptivo, que refiere el conjunto de normas, valores, suposiciones, creencias, formas de actuar, pensar y sentir que comparten los miembros de una organización y puede ser fuerte o débil según la intensidad en que está presente y el alcance de participación de sus miembros. Y no se trata de si es buena o mala, se trata de si apalanca el desarrollo de sus planes y determina el logro de sus objetivos.

En  épocas pasadas, la cultura podía ser un sello de identidad como una marca personal, y así permaneció por muchos años con pequeños ajustes. Para estos tiempos VUCA, es esencial tener claro cuál  es el propósito (IKIGAI) de la organización y su razón de ser, desarrollar atributos de flexibilidad, innovación, querer evolucionar continuamente como forma de vivir y el modo de hacer del día a día. En resumen, estar en disposición a la transformación y adaptación para cada nuevo tiempo.

¿Y dónde quedan los valores? En los valores esta la esencia, el “GPS” de los fundadores, de los líderes que marcaron rumbo y que son referentes de lo que es innegociable para no perder el norte.

Pude ser parte de una Empresa familiar por casi 15 años, y este mes cumple 111 años de existencia. Puedo dar fe de que si se puede tener esta extraña, pero efectiva combinación para no sucumbir a los embates del tiempo, salir airoso y tener empresa para rato.

Bien por ellos y por la escuela que ha sido  para muchos profesionales donde han marcado  huella y  dejado un sentimiento de compromiso e identidad.

 

Con cariño y vocación de servicio.

Msc. Ysbelia Estrada

Directora

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